Existe un concepto errado sobre el vegetarianismo: que es aburrido y consiste en comer solo vegetales. En más de un restaurante alguien me ha comentado “ah mira, aquí tienen ensaladas”, insinuando “te salvaste, no morirás de hambre”. Este año cumplo seis años de ser vegetariana. Cuando me preguntan por qué lo soy, doy varias razones: por ética, por el medio ambiente, por salud, porque ya no disfrutaba comer carnes, por probar algo distinto. La principal razón es que lo tomé como un reto; quería ver si podía mantener este estilo de vida por mucho tiempo.
Hace poco compartí un galletón de avena con mi hermana y me dijo “tiene sabor a Toronto”, donde vivimos cuando estudiábamos en la universidad. “Me recuerda al olor de la tienda de productos orgánicos, vegetarianos, veganos que visitábamos”. Yo le comenté que allí despertó mi interés por ser vegetariana. “Allí descubriste que hay un mundo más allá del pollo”, dijo ella, lo cual me pareció gracioso y atinado. Ella no es vegetariana, pero ha probado cosas nuevas y dice que a veces la comida veggie le parece más creativa, porque experimenta más con sabores y texturas.
Una vez al mes compartiré mis aventuras y desventuras veggie en este espacio. Si tienes anécdotas que me hagan sentir mejor o alguna receta para hacerme feliz, escríbeme a [email protected], y sígueme en Instagram a @v.de.vegetariana.

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