Mi abuela Julia era bien amiguera. Ella y mi abuelo tenían un grupo de amigos con el que compartían cenas, fines de semana en la playa y viajes. Estoy segura de que más de una de las recetas que están en el recetario se las compartió o tía Peggy o tía Gloria o tía Anita o tía Aida. En el recetario también hay recetas de sus cuñadas, por ahora me reservo los nombres y sus cuentos, porque esos van en otros posts.
Puedo decir que tía Gloria fue y es la amiga de toda la vida de mi abuela Julia, ella y su inseparable esposo Frankie. Como les conté, “Alzheimer” le secuestró el cerebro a Julia y ella, así de un día para otro, dejó de hablar, con la boca, porque con la mirada te decía todo y de todo.
Aún así, tía Gloria la llamaba por teléfono, le hablaba, la visitaba en cada ocasión especial. Me tocó estar allí más de una vez mientras ella visitaba, y veía cómo mi abuela la miraba, siempre con cara como que le quería decir algo…  y bueno, Gloria y Frankie estuvieron acompañando a mi mamá y a sus hermanos hasta el último día de la vida de cada uno de mis abuelos, sus mejores amigos.
Se preguntarán ustedes qué tiene que ver todo este cuento de las amistades de mi abuela con las bolitas de nuez, pues todo…
Yo también tengo la suerte de tener amigos de toda la vida. Entre ellos una a la cual apodamos La Griega, pues sí, porque tiene sangre mediterránea y un apellido más griego que mandado a hacer.
El papá de La Griega tiene mucho que ver con mi amor por los restaurantes, ese señor montaba en su carro a todo chiquillo que se encontrara en la calle jugando con alguno de sus hijos para ir a comer, usualmente era a Napoli o a La Estancia.
A mi amiga la consentía mucho una de las tías o primas de su papá, le mandaba de vez en cuando un tupperware lleno de kourabies, esa es una galleta griega de mantequilla con almendras, las que le llevaban a mi amiga tenían forma de media luna y un delicioso exceso de azúcar micropulverizada.
Cuando le llegaban ella me invitaba y yo ni corta ni perezosa iba corriendo a su casa a comer este manjar.
Pasaron los años y la caja dejó de llegar, pero llegó la receta, receta que hice una vez y que después perdí y más nunca encontré.
Traté de recrearla, pero nada, y de esos intentos me inventé unos “alfajores” (alfajores entre comillas porque eran dos galletas de mantequilla con almendras con centro de manjar blanco con el mismo exceso de azúcar micropulverizada que los kourabies de mi amiga) que quedaban buenísimos, y adivinen, cuando me casé y dejé de hornear en el horno de mi mamá más nunca me salieron… no se por qué.. así que más nunca hice ni los kourabies ni los “alfajores”.


Cuando revisé el recetario me topé con la receta de Julia de bolitas de nuez, y mientras leía sentí el olor a margarina, sí, margarina… y me acordé de mi amiga y la receta de los kourabies y de mis “alfajores”, así que sin pensar mucho la incluí en este reto, pero al final de la receta me di cuenta de que la azúcar en polvo no estaba en la receta, la receta de Julia dice que esta galleta se come con leche condensada, con más razón corrí a hacerla.
Estas galletas no son con almendras, sino con nueces, así que no son lo mismo, pero sí, así que la mitad la bañé en azúcar y las otras, como dice Julia, con leche condensada. No le pude mandar galletas a La Griega, amiga, te las debo, no son los kourabies de la tía, pero estaban sabrosas.
Gracias Julia por enseñarme el valor de la amistad, gracias tía Gloria porque sin querer me enseñaste que uno es amigo hasta el final y gracias vida por poner en mi camino a grandes personas que más que amigos son mis hermanos de la vida con los que espero compartir hasta el último de mis días.

Receta 32: Bolitas de nuez