Mi abuela un día dejó de cocinar. No preparó más nada. Sus hijos aprovechaban cualquier reunión familiar para tirárselo en cara, pero a ella le entraba por un oído y le salía por el otro. Cuando le hablaban de los platos que ella ya no preparaba, sonreía.
¿Se estaría burlando de ellos? ¿Les estaría fregando la paciencia? Ahora que estoy haciendo sus recetas, entiendo el porqué de la sonrisa. Ella sabía desde ese momento que sus hijos siempre la recordarían ligada a un buen sabor o a un buen momento.
Cada vez que se coman una paella ellos recordarán que la de su mamá era la mejor. Cada vez que vean o prueben un Baked Alaska lo compararán con el de #QueridaJulia y pensarán que nada como el de ella.

La receta 26 de mi reto #QueridaJulia no está en el recetario, pero es, sin duda, el postre favorito de mis tíos, así que si le voy a hacer honor a las recetas de mi abuela, el Baked Alaska tiene que estar dentro de las 39 recetas que voy que preparar.
El Baked Alaska es un postre que data de 1867; se presentó en el restaurante Delmonico en Nueva York para celebrar que Estados Unidos había comprado Alaska. Capas de helado y bizcocho cubiertas de merengue estilo suizo, y para robarse el ‘show’, lo flambeaban con algún licor.
Mi abuela hacía un buen Baked Alaska. Según mi madre, ella utilizaba helado de chocolate y de vainilla porque a ellos no les gustaba el helado de fresa; el bizcocho lo pedía en Repostería Aida o en Momi; lo cubría con su receta de malva y lo flambeaba con coñac. Ella lo hacía en un pírex rectangular.
Conseguí helado de vainilla y de chocolate Estrella Azul (me encantan), llamé a Momi y pedí el bizchocho; preparé la receta #39 del reto, la malva. No lo hice en pírex rectangular, hice el Baked Alaska en su forma tradicional y no flambeé con licor, me compré una herramienta que siempre había querido: una antorcha de mano.
Esta receta la preparé con mis hijas. Valeria, la grande, supervisó que la malva saliera bien, y Marifer, la chiquita, atraída por la llama me pidió flambear, y claro que la dejé hacerlo. Las dos me ayudaron a limpiar los platos (ja, ja, ja, a desaparecer los pedazos de Baked Alaska que utilizamos para la foto). Ese día, al terminar la producción de la receta, yo sonreí, porque desde ya sé lo mismo que #QueridaJulia sabía: mis hijas me recordarán siempre ligada a un buen sabor o a un buen momento.