Una gran protagonista de mi vida fue Julia… y no la Child, sino mi abuela. Ella y Pepito tienen la culpa de todo. ¿De qué tienen la culpa? De mi amor por la comida y por todo lo que gira alrededor de ella, reuniones familiares, visitas a restaurantes y viajes donde comer es parte muy importante de la agenda.

El apartamento de mis abuelos se cerró hace 9 meses, después de que Pepito decidió montarse en el tren al más allá para reunirse con Julia, que había muerto nueve meses antes. En la cocina quedaron dos recetarios, uno se lo llevó mi hermano; el otro me lo quedé yo.

En enero de este año, conversando con una de esas personas que le despiertan a una las ganas de hacer algo, me dijo que buscara en mi corazón y que escribiera un libro de mi familia y de la comida. Mi respuesta fue: ¿LIBROOOO? ¡Estás LOCA! Pero de libro quedé en blog. Y es que en mi familia la comida es casi un culto. De hecho, la culpa no es solo de mis abuelos maternos, Julia y Pepito, sino también de los paternos… ellos me llevaban al interior todos los veranos, específicamente a Soná, y allí nació mi amor por la tierra, los caballos, lo nuestro, la vida tranquila de porche, jugando dominó o bingo mientras esperábamos la hora de la cena. En Soná nació el amor por el olor a pan recién horneado en la panadería del pueblo, por los sancochos en leña de las fincas o por una buena ‘macarronada’ a orillas de un río.

Volviendo al recetario, que es de lo que se trata este blog, he decidido llevarlo muy al estilo de ‘Julia y Julie’, la película. Para empezar, he escogido 39 recetas de ese recetario y me he planteado terminarlas en 34 semanas, es decir, antes que acabe este año. ¿Por qué 39?  Porque es mi edad. Y porque esa es la edad que tuvo mi abuela por 33 años (ya que se rehusaba entrar en los “tas”) hasta que nació su primera bisnieta, mi hija Valeria, hace 15 años, un 20 de noviembre, casualmente el día de su cumpleaños. Lo recuerdo porque en secreto, en el hospital, ella me comentó que a partir de ese momento empezaría a decir que tenía 49 y no 39 años, porque una bisabuela de 39 no parecía factible… las matemáticas no le daban.

A mi abuela Julia la extraño desde que el alzhéimer le robó la chispa, la alegría con la que vivía, las ganas de cocinar y hasta las de comer. ¡Menos mal que apuntó sus recetas favoritas! Esas que yo voy a elaborar y a compartir con ustedes a partir de este domingo 6 de mayo y hasta que termine 2018.

 

Receta 39: Malva

Para esta primera entrada escogí malva, es mi topping para helados favorito. Esta malva la usaba mi abuela para cubrir el postre favorito de sus hijos, su Baked Alaska. Mi mamá la usaba para cubrir los bizcochos que horneaba cuando alguien cumplía años en la casa.

Click aquí para ver la receta.

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