Al papá de mi abuelo Pepito, el esposo de #QueridaJulia, le decíamos Papai. Papai vivía en La Cresta, justo donde está hoy la Comunidad Apostólica Hosanna.
Todos los domingos en esa casa Papai se montaba un almuerzo épico al que toda la familia y amigos estaban invitados.
Este almuerzo tenía varios pasos. Se llegaba cerca de las 11:30 a.m. Tengo que confesar que me gustaba llegar temprano, así la ronda de besitos para saludar era más corta y así tenía más tiempo de jugar. Pero había un problema en la casa de Papai: todos eran primos varones y mayores… no me volteaban a ver. Los dos que son contemporáneos conmigo, también varones. La tenía difícil, no me daban mucho “play”, así que a mí me gustaba caminar por el enorme patio, caminar por la casa y entrar a la caóticamente ordenada cocina de donde salía la comida, siempre para más de 20 personas, en este orden:

Papai y su esposa Alicia (mejor conocida como Abuelita, para sus nietos y bisnietos), mis bisabuelos en la cocina.

Para esperar a que llegara la mayoría de los invitados, se les brindaba una variedad de ceviches, quesos, sardinas y galletas.
Luego el almuerzo. Siempre tipo bufé, servido sobre una gran mesa. No todos los domingos se servía lo mismo. Entonces creo que en esa casa y en esos almuerzos es que nació mi amor por los acompañamientos. Por ejemplo, si voy a un evento en esos donde el pavo, el jamón o el pernil, el filete o el pollo son las estrellas, yo me sirvo primero el puré, el arroz, los plátanos, el souffle, la ensalada, el pan, o sea, los acompañamientos.

Papai y su paella. Papai era español. Llegó a Panamá desde Olot, una provincia de Gerona, Cataluña.

La fila, donde aprendí que ‘age before beauty’; los adultos se servían antes que los niños.

El postre venía hasta donde uno estaba sentado. Siempre helados o frutas, o el postre insignia, medio melón con helado de vainilla en el centro.
Entonces llegaba una de mis partes favoritas, la despedida, y no porque era hora de irme, sino porque Papai se sentaba en una silla de la sala y los bisnietos nos poníamos en fila. Cuando llegábamos a despedirnos nos  preguntaba; ¿Y tú, cómo te llamas? Tenías que decir tu nombre completo hasta llegar a su apellido. Yo le tenía que contestar “Maité Alicia Castrellón Corcó”,  y entonces le daba un besito y él me daba 1 dólar. Tradición que mi abuelo Pepito siguió hasta su último día de lucidez.
En el recetario de #QueridaJulia abundan las recetas de acompañamientos que tanto me gustan. La receta de este domingo no tiene ningún cuento especial, nunca la vi ni en la casa de Papai ni en la casa de mi abuela, simplemente me provocó hacerla para probar una manera diferente de cocinar uno de mis acompañamientos favoritos: el camote.

Receta 21:Puré de camote con coco

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