El tamarindo (Tamarindus indica) es una fruta que muchos panameños disfrutamos desde nuestra infancia. Qué sorpresa la mía cuando descubrí que, aun cuando hoy día es utilizado en muchos países de América, el tamarindo no es endémico de nuestro continente. La fruta, originaria de África (específicamente se cree que se origina en lo que hoy es Sudán), tuvo un largo viaje por el mundo antes de llegar aquí, traída de la mano de los conquistadores. Primero pasó por Asia, aferrándose fuertemente a la cultura india, y desde allá saltó a Jamaica con los colonos ingleses. Desde esta isla caribeña nos llega el tamarindo probablemente a principios del siglo XIX, para convertirse en parte común de la vida panameña de aquel entonces. Los primeros registros históricos del tamarindo en Panamá datan de 1846, cuando fue observado y descrito por Berthold Seeman, un naturalista que visitaba el área por esos días. Para una idea de lo predominante que era el tamarindo en aquella época, tenemos solo que ver el Salón de los Tamarindos, en la Presidencia de la República, en donde Roberto Lewis pintó modelos de estos árboles inspirados en los famosos tamarindos de Taboga.
Aunque cada vez menos, aquellas deliciosas bolitas de tamarindo que recuerdo de niño son fáciles de hacer, y quiero aprovechar para compartir esta deliciosa tradición que podemos seguir todos en casa.

Bolitas de tamarindo

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