Muchas veces escucho en mis cafeterías “el café geisha es más como un té” o “a mí me gusta más el café fuerte” y es verdad que el geisha no es para todos. Pero antes de discriminarlo, entendamos un poco su origen, sus atributos, y porque se ha convertido en el mejor café del mundo.
El geisha proviene de las selvas de la región de geisha en Etiopía, la cuna del café. Esta cepa específica llegó a Panamá en la década de los sesenta casi por accidente y de la misma forma cuarenta años después, se “descubrieron” y perfeccionaron sus atributos exóticos. Cuando Hacienda La Esmeralda lo suelta al mundo en el 2004, el mundo entero de café de especialidad se estremeció.
Si el café tradicionalmente se ha conocido por sus sabores amargos, intensos, a chocolate, a nueces o a carbón, el geisha de Panamá nos enseña la otra cara de la moneda con notas muy florales, como a jazmín y azahar, exóticos sabores a frutas como bergamota, mandarina, melón y hasta fresa, mango y durazno. Y cuando me preguntan ¿Qué lugar tienen estos sabores en mi taza de café? La respuesta es sencilla, el café es esencialmente la semilla de una fruta; una fruta que nace de una flor, en un árbol de café ¿Es realmente extraño que su bebida sepa a flores y frutas? O es más raro que se haya alejado tanto de su origen en el pasado, con sabores impuestos por una creciente industria masiva ¿Acaso es raro que el vino sepa a uvas?
Viniendo de una larga tradición de un solo perfil de taza, no es fácil cambiar el chip y asimilar un café con atributos totalmente diferentes, pero cuando pasa es como una revelación; casi como correr entre cafetales durante su floración o como arrancar una cereza fresca y comérsela en la finca. Los invito a tomarse una taza de geisha bien preparada en cualquiera cafetería de especialidad en nuestro país con este pensamiento.

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