Hace poco caí en la cuenta de que mi desayuno era una rutina en la que rotaba entre tres o cuatro combinaciones de los mismos ingredientes: huevos, pan con mantequilla y bacon.
Para cambiar esta rutina, decidí desayunar smoothie bowls por cinco días, uno diferente cada mañana.
Me puse creativa, ya que las posibilidades son infinitas. Todas las noches pensaba “ya quiero que sea mañana para comerme otro smoothie bowl”. En la mañana me divertía haciéndolo (y tomándole foto, claro), lo disfrutaba y salía energizada, satisfecha y de buen humor al trabajo.

Fácil y rápido
Los smoothie bowls son licuados de frutas congeladas, y la mayoría tiene como base el guineo.
Para preparar un smoothie bowl primero se coloca la base de fruta congelada en el vaso de una licuadora; se le agrega lácteos o leche de almendras o de coco, endulzantes como la miel o el sirope de agave, mantequilla de maní o de almendras, y si gustas, proteína en polvo.
Esta base se sirve en un plato hondo o un bol. Luego viene la parte divertida y lo que vuelve al smoothie bowl una obra de arte: los toppings, frutas frescas, frutos secos, nueces, almendras, coco rallado y hasta chocolate picado. Desde el segundo en que agregas el primer ingrediente en la licuadora hasta que colocas la última semilla de chía encima de la mezcla, pasan menos de 10 minutos.
Sin duda alguna, mi parte favorita es la infinidad de combinaciones posible. Si buscas darle vida a tus mañanas, los famosos smoothie bowls son la forma perfecta de hacerlo.

1. El arcoíris

2. El enamorado

3. El de la Tierra

4. Dulce frambuesa

5. El goloso